Contra el PP viviremos mejor
Tercio de Quites
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Si te engañan una vez, la culpa es de quien te engaña;
si te engañan dos veces, la culpa es tuya;
si te engañan tres, la culpa es del PP.

Jorge BUSTOS

 

El récord de longevidad de la Constitución ha suscitado no pocas añoranzas de los tiempos del consenso constitucional, cuando Fraga y Solé Turá compartían ponencia y Santiago Carrillo suscitaba que la Iglesia Católica apareciera en su texto, aunque el centroderecha no lo había colocado en el anteproyecto.

No faltaron sin embargo los –por aquel entonces– antepasados de los que hoy hablan de la Constitución de 1978 como si se internaran en la oscura prehistoria. Uno de ellos inmortalizó la situación en pintada de extremosa sinceridad: «contra Franco vivíamos mejor»; que hoy suscribiría en texto paralelo Yolando Rufián. Temblando de pavor, al borde de las lágrimas, ha confesado: «Soy independentista, pero tengo miedo como demócrata». Se muestra dispuesto a vivir mejor, superando a la Yolanda auténtica, en el ciclópeo esfuerzo por unir a la izquierda de verdad, Izquierda Unida incluida.

Por lo que se ve, la cosa no va de consensos sino de polarización y de capacidad de mostrarse dispuesto a representar a quien haga falta y ser por lo menos vicepresidente, aunque no quede claro quién demonios lo ha votado. Por lo pronto ya ha conseguido que su propio partido se desmarque.

Llevamos años sufriendo a un gobierno multicolor, con el común denominador de no haber ganado las elecciones. Por si fuera poco el chollo, se pasan el día en continuo chantaje, porque siete votos –Rufián se daría con un canto en los dientes…– dan para mucho. No va a votar a la muchachada en el poder ni Felipe González. El problema radica en cuál es la alternativa. Más de un comentarista tiene claro que el centro y la derecha superan largamente la mayoría absoluta. Pero todo parece indicar que se muestran dispuestos a superar a la UCD. Ahí se unieron políticos experimentados en el franquismo con democristianos, liberales y hasta aspirantes a socialdemócratas. Fueron capaces incluso de sacar adelante una Constitución, consensuada con todo el que quiso. Luego vino el ensayo general de lo de hoy: a ver quien es más listo chupando rueda del que gobierne. Surgió otra pintada histórica: «ha ucedido lo que tenía que uceder».

Estas añoranzas cobran cuerpo después de que el gobierno, que mentes más preclaras que la mía dictaminan que está destrozando su partido, practique la espeleología electoral en Extremadura y Aragón. No parece que sea muy difícil contar con una mayoría parlamentaria alternativa. El problema extremadoaragonés es que parecen empeñados en volver del revés el calcetín de la UCD y comenzar por la pelea, que parece más divertida que gobernar.

El sufrido ciudadano sueña con un gobierno que gobierne, después de haber ganado unas elecciones como está mandado; y no como quien las pierde, porque que no le dejan hacer un recuento como el de sus primarias. Todo ello a costa de mi buena amiga Susana, con la que suelo confraternizar en la entrada de la Esperanza de Triana y que –Rubalcaba mediante– se quedó sin presidir Andalucía y me dejó a mí si presidir el Constitucional, en una carambola manifiestamente mejorable.

Al parecer, metafóricos comentaristas se pasaron la aragonesa noche electoral afirmando que –ganar, ganar– quien había ganado había sido Vox, por aquello de los incrementos de escaño, fruto de quienes confunden elecciones con desahogo; aunque tampoco dieran para mucho. Su caudillo se tomó el comentario como investidura y ahora quiere capitalizar su presunto triunfo. No parece que la candidata popular de Extremadura haya nacido precisamente para consensuar, pero también es verdad que llegar a consensos con quien resuelve con expulsiones las discrepancias internas en su partido no parece factible ni para un Adolfo Suárez.

Quizá habría que imitar a los países europeos, que –sedientos de estabilidad– regalan una buena ración de escaños a quien gane las elecciones, con lo que se acaba el chantaje. Como eso no se hace en una mañana, quizá haya llegado el momento de dejarse de desahogos y que, los electores que quieran quitarse de encima al sanchismo, opten por el voto útil; que no es nada estético, peo puede hacer realidad el sueño de tener un gobierno que gobierne, en vez de que lo gobiernen otros chantajeándolo a costa del personal. Andrés Ollero. Magistrado Emérito del Tribunal Constitucional

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